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SEO: El curioso caso de Benjamín y el botón

  • 17/02/2014
  • SEO

El posicionamiento web o SEO, es algo que la gente pide como si fuera el techo solar eléctrico en un coche, lo piden porque «mola» y parece bueno, pero creo que no se dan cuenta de que, siguiendo la similitud, es el motor del coche, pues es el que el va hacer situar su coche o página web en un sitio destacado.

Vamos a ver  en clave de humor algunas anécdotas con clientes de todo tipo en los últimos años que estoy seguro que más de un propietario web se sentirá identificado y más de una agencia echará una sonrisa y viendo otra forma de tratar con este tipo de clientes.

Érase una vez Benjamín, un empresario que un buen día quiso poner una página web para su negocio, se trataba de una página web normalita por lo que contrató a una agencia de diseño web en Albacete porque estaba cerca de su pueblo y tras intentar racanear en el precio y darse cuenta que si quería algo profesional tenía que pagar por ello se lanzó y llegó a tener publicada su página web corporativa, pero el mismo día que le publicaron la web ocurrió algo terrible, se ponía a buscar en Google y no aparecía su página. Por más que lo intentaba buscando «tienda de toldos», «quiero arreglar mi toldo», «empresa de toldos» o incluso el nombre de la empresa no aparecía la página, entonces a eso de las 11 de la noche después de no encontrar nada llamó alterado al empresa de páginas web que le hizo el trabajo, que como es normal estaba cerrada a esas horas y acabó contactando con el comercial que tenía su número diciéndole que era un timo y que su página web «no iba», que le diera al botón para que apareciera en Google,

Después de una larga escucha de barbaridades el comercial le explicó que su página web aparecería en Google en unos días, que tardaba un tiempo en indexarla entre sus resultados, y lo demás era tema de contratar posicionamiento web que descartó en su momento porque le parecía caro.

Al día siguiente Benjamín se acercó a la empresa, ya más calmado contrató un plan de posicionamiento web, que tras un estudio acordaron las keywords de referencia para su sector y negocio con el fin de atraer tráfico de calidad a su web. Todo parecía correcto por ambas partes, pero cuando le llegó el primer cargo e informe de posiciones y visitas a Benjamín, este llamó exaltado una vez más a la empresa diciendo que ya le habían cobrado que no estaba todavía en la primera página de Google, que le dieran al botón para estar en la primera página de Google. Tras explicarle nuevamente que el posicionamiento web se trata de un proceso continuo y que hay que convencer poco a poco a Google Benjamín quedó algo más tranquilizado pero no terminaba de fiarse, pues estaba pagando por humo, por algo intangible basado en la fe.

Otro día, que como casi siempre pasaba, Benjamín estaba obsesionado con sus posiciones en Google y no dejaba de hacer búsquedas desde el ordenador de la empresa, el de su casa, incluso llamaba a amigos y les decía que buscaran tal cosa en Google. Con los diversos resultados que obtenía llamó a la agencia y les dijo que a ver que estaba pasando, que le dieran al botón para que se viera lo mismo en Albacete, Madrid, Lérida o París. La persona que contestó al teléfono, tras un momento de estupefacción, y darse cuenta que era Benjamín le explicó lo de los resultados geolocalizados y lo de la búsqueda en ventana de incógnito para que no tueviera en cuenta el historial y las cookies.

No podía pasar un mes sin la llamada de  Benjamín, y no se sabe si por costumbre o por casualidad, al momento de recibir otro informe mensual Benjamín llamó a la agencia que le llevaba el posicionamiento web diciendo que si es que ese mes se les había olvidado darle al botón de lo de las posiciones, pues había bajado con algunas keywords. El técnico que le tocó atender la llamada ya estaba advertido de este cliente y le explicó la Google dance y quizás habría coincidido con el registro de posiciones, algo que tranquilizó, aunque levemente, a Benjamín.

Con el tiempo Benjamín fue consiguiendo resultados y a 15 días de empezar la temporada fuerte de verano había sacado un nuevo modelo de toldo que quería promocionar con posicionamiento y llamó a la agencia preguntando que cuánto había que pagar por darle al botón de añadir palabras al top 10 de Google. Nuevamente la empresa, con mucha paciencia y la sutileza que podía, le explicó que para este tipo de acciones tan inmediatas y productos desconocidos para el público sería preferible otro tipo de estrategias.

El hijo de Benjamín, al ver que su padre triunfaba con eso de Internet, le dió por montar una tienda online bajo el sistema del dropshipping con un amigo que hizo un curso de informática de 30 h. y decía conocer algo del tema. Después de casi un año y ver que aquello no salía por ningún lado se fue con la empresa que le llevaba las páginas webs a su padre. Con su nueva tienda online, pero el mismo catálogo importado de su mayorista de dropshipping, volvió a la carga y obtuvo los mismos resultados, entonces solicitó ayuda a la empresa para que, como le explicó su padre, le dieran al botón para ponerla en Google y conseguir vender algo.

Tras la petición de Benjamín Junior, la empresa. confiando en el proyecto de este y dado que la relación con su padre era de años, estuvo analizando el sector, mercado y potenciales clientes con lo tras unos días pasó presupuesto para una estrategia conjunta de SEO, SEM,… y cuando se la presentó al cliente este le dijo ¿Tanto dinero vale apretar un botón?

Colorín colorado esta historia ha terminado.

Saca tu propia moraleja, espero al menos haberos sacado una sonrisa, y si no aprieta el botón 😉

Autor
José Blas Blázquez
Socio-Consultor

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